Testimonio de un docente del siglo XXI: la educación como un paradigma que debe ser continuamente construido por los propios estudiantes.
Luego de haber atravesado por un proceso educativo bastante frustrante en mis primeros años de escuela en varias centros educativos de la zona de Heredia en la década de los 70, finalmente llegué a una institución donde el estudiante era '' el centro de atención'' del proceso enseñanza-aprendizaje: la Escuela Rafael Moya, una escuela pública con un historial respetable dentro de las escuelas públicas de la provincia. Me ofrecieron motivación, atención y cariño. Sentí que mi vida tomaba un rumbo diferente.
Mis primeros años de educación en escuela primaria fueron sufridos porque me convertí en el ‘’patito feo’’ de la fiesta: bajas calificaciones, deserción de varios cursos escolares, maltrato de parte del profesorado, entre otros. No era el estudiante ejemplar, ni el modelo a seguir. ¿Porqué no lograba acoplarme al sistema educativo de la Costa Rica del siglo XX a pesar de haber contado con todas mis necesidades básicas satisfechas? La respuesta es que no me sentía ni comprometido, ni motivado a ser parte de un sistema tan poco creativo y crítico, y tan centrado en el profesor, y no en las necesidades educativas del estudiante.
Ese nuevo rumbo en mi educación primaria se vislumbró al correr de los años al conseguir becas universitarias en instituciones de buen prestigio internacional y nacional. Gracias a ello también me he dado cuenta de que la única forma de lograr una educación que se acople y que sea flexible ante los constantes cambios de nuestro mundo, es a través de la premisa de que el estudiante debe ser el propio gestor de su aprendizaje. El aprendizaje activo involucra una serie de escuelas de pensamiento educativos tales como el aprendizaje cooperativo-colaborativo, el aprendizaje basado en problemas, y el aprendizaje significativo.
Existen algunos factores comunes que distinguen al aprendizaje activo en la educación del siglo XXI. La mente está plenamente involucrada en el proceso enseñanza-aprendizaje como resultado de: 1. una participación activa en su aprendizaje, 2. reflexión y monitoreo propio de los procesos y los resultados de su aprendizaje. El estudiante, tanto de universidad como de Educación Diversificada, debe ''examinar, cuestionar, y relacionar las nuevas ideas a las viejas, para así lograr la clase de conocimiento profundo que perdura'' (Barkley, 2010, traducido por autor). Si el sistema educativo en Costa Rica logra que el estudiante se encuentre plenamente comprometido e identificado con su proceso de enseñanza-aprendizaje, cualquier cosa que el docente le enseñe al estudiante hoy, sería recordado años después.
La educación del siglo XXI en Costa Rica debe romper con los antiguos paradigmas educativos en donde lo aprendido se almacenaba en la memoria a corto plazo del estudiante, y pocas horas después se olvidaba. Para que esto no suceda, la neurociencia se ha convertido en un fuerte aliado del aprendizaje activo.
¿Cómo se aprende en el siglo XXI? Con la motivación. El nuevo conocimiento debe ser descubierto por el estudiante de un manera que el cerebro busque cualquier experiencia pasada que se asemeje con el nuevo conocimiento. Si existe asociación entre lo nuevo y lo viejo, las redes neuronales se activan, reforzando la información ya almacenada en el cerebro, así como también asistiendo a interpretar y asignar significado a lo nuevo. Esto solo se logra si el cerebro es estimulado lo suficiente con el ‘’involucramiento’’ directo del estudiante en la formación de ese nuevo conocimiento y en la resolución de problemas complejos.
Mirando hacia el futuro de las generaciones jóvenes y por venir, quisiera que la experiencia que viví en mis primeros años de escuela no se repitiera, solo que se repita solo la parte donde recibí motivación, atención y cariño de parte de los docentes de la Escuela Rafael Moya. Me gustaría
que se logre forjar un sistema educativo en Costa Rica capaz de responder a las necesidades de un mundo cada vez más cambiante y con nuevos retos que motivarían a los estudiante a ser dueños de su proceso de aprendizaje.
Bibliografía consultada:
Barkley, E. (2010). Student Engagement Techniques: A Handbook for College Faculty. San Francisco: Jossey-Bass